“El milagro de la vida”, Jaime Pena entrevista a Naomi Kawase
La cineasta japonesa Naomi Kawase es invitada de honor en la segunda edición del Festival 4+1. La ocasión es perfecta para analizar con ella algunos de los cambios que ha protagonizado su cine durante los últimos años.

Parece estar pasando usted por un periodo de actividad especialmente intensa. ¿Por qué volvió a visitar Hotaru en 2009, proponiendo una versión nueva?
Acabé de montar Hotaru en el año 2000, con un tiempo de duración de casi tres horas. La agencia de ventas internacionales me propuso revisarla para hacer una versión corta de cara a su distribución internacional. Sin embargo, no pudimos hacerlo debido a la falta de presupuesto y a otros motivos. La película no tenía muchas posibilidades de ser proyectada a nivel internacional, aunque fue una película muy importante dentro de mi filmografía. Hasta 2009, cuando recibí el premio Carrose d’Or de Cannes, que me brindó la oportunidad de volver a editar la película. Era algo que llevaba tramando hace mucho tiempo y al final logré hacerlo.
Después de Nanayo (2008), que se rodó en Tailandia, volvió a los decorados característicos de su cine: Nara y sus alrededores. ¿Cree usted que no es necesario viajar para contar cosas que le interesan? Es decir, ¿siente que pueden encontrar todas las historias en su entorno inmediato?
Nanayo es muy distinta a todas mis otras películas, ya que es un proyecto que me ofreció un productor. Creo que es importante dar a los actores la oportunidad de comprender el ambiente o la naturaleza de los sitios donde voy a rodar la película y dejar que se acostumbren a esos lugares. Tengo que dejar que lo hagan antes del rodaje y voy desarrollando el guion mientras tanto. Pero de este modo se tarda mucho en organizar todo antes de rodar. Como es natural, teniendo en cuenta ese periodo de preparación, suelo elegir sitios que están cerca y que son cómodos.
Por cierto, Nara es mi pueblo, donde he vivido siempre y donde vivieron los primeros habitantes de la capital. Se podría decir que, en cierto sentido, es allí donde la mayoría de los japoneses tienen sus raíces. Todavía hay muchas historias por desvelar en esa tierra. Me ha proporcionado una infinidad de inquietudes.
Pocos cineastas han prestado tanta atención como isted al origen de la vida, las escenas de parto ya se han convertido en una marca característica de su trabajo. ¿Acaso puede considerarse Genpin (2010) una especie de síntesis o un punto final de ese hilo temático que ha seguido tan de cerca en sus documentales y ficciones?
Las historias sobre la vida no tienen punto final. Genpin es una película con puntos de vista subjetivos y neutrales desde mi cámara. No se centra en el tema mío personal. El sujeto contemplando la vida es la base de mi forma de hacer cine, y no habrá cambios sustanciales en este sentido. Por otra parte, ¿acaso no es cierto que casi todos los cineastas han abordado el tema del milagro de la vida?
Teniendo en cuenta la especial empatía que sus personajes demuestran con la naturaleza y con la supervivencia de la tradición, ¿cómo les afecto personalmente el tsunami que devastó el noreste de Japón el pasado mes de marzo y todo el tema de Fukushima? ¿Cree que ha servido para animar o modificar su visión del mundo?
No es solo la región de Tohoku, han ocurrido muchos desastres semejantes al último terremoto y a ese tsunami en otras partes del mundo. Además, creo que no solo los desastres naturales suponen una amenaza. Se han perpetrado muchos actos perversos como las guerras, el abuso de poder, la energía nuclear y demás. Nuestros deseos egoístas nos han causado muchas dificultades. Por eso creo que nnuestras vidas son una lucha constante y que a veces nos perdemos enfrentándonos a determinados problemas o contradicciones. No obstante, creo que el arte debe jugar su propio papel para iluminar el camino perdido y que así podamos progresar.
Hanezy no tsuki (2011) –igual que sucedía ya en El bosque del luto (Mogari no mori, 2007)– empieza con la tradición y las leyendas locales. ¿Le pareció necesario recalcar la leyenda de las tres montañas como fuente del triángulo amoroso de su película?
Teníamos financiación de la asociación administrativa regional del lugar donde ser rodó Hanezu… y esa es una zona en la que están promocionando el turismo para poder registrarlo como Patrimonio de la Humanidad. Les apasiona promocionar esos lugares por todo el corazón, con orgullo. Cuanto más escuchaba lo que decían, más me apetecía rodar la película utilizando los rasgos característicos de estos lugares para mostrarlos al mundo entero.
Las tres montañas de Yamato son famosas en Japón porque figuran en los libros de texto, pero la mayoría de los japoneses desconocen la historia de sus relaciones a tres bandas. Le di esta estructura para dar a conocer los orígenes de nuestro país a los japoneses para dar a conocer los orígenes de nuestro país a los japoneses y para que los extranjeros al menos comprendieran la trama, ya que quizás no conozcan la historia de estas montañas, pero sí comprenderán los sentimientos que se mueven en un triángulo amoroso.
Entrevista tomada de Cahiers du Cinéma España.



