Chantrapas (2010)
Dir. Otar Iosseliani


Jueves 27: Cinemateca Distrital, 3:00 pm
Sábado 29: Cine Colombia Av. Chile, 9:00 pm

 

El título del nuevo film de Otar Iosseliani recupera un vocablo utilizado en la antigua Unión Soviética para calificar a los “don nadies”. La palabreja es la transcripción fonética de chantera pas (“no cantará”), la sentencia que pronunciaban los profesores de música ante los niños que consideraban no aptos para seguir una carrera musical en las afrancesadas familias bien de entonces. Más que no poder cantar, al protagonista de la película se le impide rodar películas, tanto en su Georgia natal como en su posterior exilio en Francia. El cineasta recurre a una estructura en apariencia autobiográfica para reivindicar a una serie de directores que, al contrario que él, no tuvieron la suerte de desarrollar una carrera. Iosseliani tenía en mente nombres como los de Paradjanov o Tarkovski, más que el suyo propop, genios del cinematógrafo condenados al ostracismo por no querer someterse a la estulticia de un aparato ideológico o industrial.

 

Como en toda la obra del georgiano, Chantrapas está presidida por la idea de la huida en busca de la libertad como única manera de escapar de unas formas de vida adocenadoras y prosaicas. Pero en este film, por primera vez, concreta su reivindicación en el mundo laboral. Si su retrato de la represión artística en la Georgia soviética se construye con sobrado conocimiento de causa, Iosseliani se muestra igual de desencantado con las condiciones de trabajo en la Francia de la libertad, igualdad y fraternidad. Lo que en una dictadura se manifiesta a través de una torpe pero explícita censura política, en un país democrático toma cuerpo en una cada vez menos sutil opresión económica: la dictadura de las normas del mercado. Como es habitual en el cineasta, en su reivindicación de la libertad creativa, Chantrapas rehúye cualquier tentación dramática o autocompasiva para refugiarse en ese delicioso tono entre desencantado e irónico de quien se niega a que le arrebaten del todo su joie de vivre. En el universo de Iosseliani siempre existe la última posibilidad de volverse a escapar a la zaga de alguna sirena.

 

Por Eulàlia Iglesias, tomado de Cahiers du cinéma (España).